
Revista DM2
Marzo 2017
Marzo 2017
AUTISMO
Por Caren Rodríguez
Durante los últimos 15 años ha aumentado en el mundo la prevalencia del autismo, aproximadamente 1 de cada 68 personas esta dentro del espectro, no siendo la excepción Argentina, donde cada día registramos más casos de personas con esta condición. En consecuencia, también ha aumentado la demanda de tratamientos específicos para su abordaje, y la necesidad de profesionales formados que puedan intervenir tempranamente. El autismo es una condición que despliega gran variedad de manifestaciones clínicas y gran heterogeneidad entre los distintas personas que lo presentan, por ende, los profesionales intervinientes nos vemos obligados desde nuestra especialidad a estar actualizándonos constantemente para poder ampliar y mejorar la atención brindada a las personas con Condición del Espectro Autista (CEA).
Recientemente se ha incrementado la formación de profesionales dentro del modelo cognitivo conductual, al que desde ahora me referiré como TCC. Pero ¿Qué es TCC? Es el modelo teórico que surge de la fusión del modelo conductual y el modelo cognitivo. Cada uno con su sustento teórico a partir del cual dan explicación al comportamiento. A grosso modo, podemos decir que el modelo conductual busca explicar las bases del aprendizaje, siendo su objeto de estudio la conducta observable. Y el modelo cognitivo explica el procesamiento de la información, y su objeto de estudio es la cognición (conjunto procesos: percepción, memoria, atención, lenguaje, razonamiento, etc.) por medio de la cual el hombre recibe, procesa y categoriza los estímulos. Bajo estos lineamientos teóricos, Beck y Ellis crearon la terapia cognitivo conductual estándar para el tratamiento de pacientes con depresión.
Posteriormente dentro del modelo cognitivo-conductual se han desarrollado tratamientos específicos para trastornos mentales específicos, tales como: trastornos de ansiedad, trastornos del estado del ánimo, trastorno límite de la personalidad, trastornos de alimentación, etc., acompañados de investigación y evidencia empírica.
Dentro de este modelo a su vez surge la TCC infanto-juvenil, la cual es una adaptación para los más chicos, teniendo en cuenta que están en desarrollo las funciones cognitivas que permiten procesar la información, siempre contemplado desde la normalidad o desarrollo típico en la infancia.
Por lo tanto, ¿Será la formación específica en TCC suficiente en sí misma para brindar el abordaje clínico necesario para las personas con CEA? Ante esta pregunta me encuentro constantemente porque el autismo es una condición que necesita estudiarse y pensarse desde diversas perspectivas: cognitiva, neurocognitiva, biológica, neuropsicológica, genética, etc. y nos muestra una forma de desarrollo y un perfil neurocognitivo particular. No obstante, el modelo de TCC es el que más comparte dentro de sus constructos teóricos y técnicas, herramientas para el abordaje clínico de las personas con CEA, pero no es por sí mismo un modelo de intervención diseñado para el autismo. Para ello, se requiere de un tratamiento específico para un trastorno específico, como mencionaba anteriormente.
En el caso del autismo y TCC, si se van a utilizar herramientas de TCC se requiere de un profundo conocimiento del modelo para poder usar de forma estratégica sus técnicas y alcanzar el objetivo planteado. A su vez, es imprescindible conocer las características clínicas comunes en el autismo, su naturaleza y curso; las implicancias que tienen para la persona y su familia esta condición, las ventajas y desventajas de un estilo particular de procesamiento de la información, y sus comorbilidades (presencia de otro trastorno mental u orgánico). La TCC puede ser de gran beneficio para el abordaje general del autismo siempre y cuando se realice una triple adaptación: primero desde el modelo TCC estándar a la población infanto-juvenil (o etapa del desarrollo cognitivo actual) luego un ajuste a las características generales del autismo, y finalmente al procesamiento neurocognitivo especifico de cada persona con CEA.
En los últimos años ha tomado fuerza el desarrollado de modelos y estrategias especificas de tratamiento para las diversos áreas afectados en el autismo, algunos de ellos derivan del TCC, y sólo una minoría cuenta con evidencia empírica debido a la gran dificultad que representa realizar investigación en este ámbito. Estos modelos intervienen de forma temprana, tienen alta intensidad horaria, son ofrecidos por profesionales de diferentes disciplinas, pueden ser complementarios y requieren una evaluación periódica de sus objetivos. Los más conocidos son: ABA (Análisis conductual aplicado), TEECH (Tratamiento y educación estructurada en niños con autismo), DENVER MODEL (Modelos basados en el desarrollo), DIR (Modelo relacional del desarrollo y las diferencias Individuales), RDI (Intervención relacional del desarrollo), PRT (Entrenamiento de conductas pivótales), SON-RISE (abordaje basado en el empoderamiento de los padres), HANEN MODEL (Terapia del lenguaje y el habla). Algunas de sus estrategias buscan mejorar la comunicación, enseñar habilidades sociales, reducir conductas disruptivas, favorecer la integración sensorial, etc.
Su elección depende de una apropiada evaluación interdisciplinar de lo que precisa la persona con CEA en ese momento vital.

Caren Rodríguez
Psicóloga (MN 44175)
carenpaola@gmail.com
15-6158-4678
Colaboradora Revista DM2
Imagen:
"La soledad y mis alas",
obra de Guillermina Victoria
guillermina.victoria@hotmail.com
Sitio web:
http://wilhelmina18.wix.com/arte-
victoria